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Esta sección pretende ser una guía útil que puedas compartir, por ejemplo, con los grupos parroquiales, ya que está escrita en forma amena y coloquial por lo que puede servir tanto para una reflexión colectiva como para la evangelización.

 

Cada semana encontrarás reflexiones diferentes. Los temas irán ligados de acuerdo a las festividades o a las inquietudes que los lectores vayan manifestando.

Esperamos tus dudas,  comentarios y aportaciones

 

 

La misión principal de la formación es ayudar a los miembros de la Iglesia a encontrarse siempre con Cristo y así reconocer, acoger, interiorizar y desarrollar la experiencia y los valores que constituyen la propia identidad y misión cristiana en el mundo.

 

(Aparecida Documento Conclusivo núm. 279)

 

 

Reflexiones: 

  • ¡Sólo para niños!  (Y sus catequistas)
    • Agosto, mes del anciano
    • San Juan Bosco
    • Juegos y pasatiempos (incluye juego interactivo)
    • Evangelio
  • Guadalupe anuncia la mexicanidad
  • En el Año Sacerdotal
  • Documento de Aparecida
  • La Iglesia actual
  • La Parroquia


¡SÓLO PARA NIÑOS!

(Y SUS CATEQUISTAS)

 

 

 

 

Agosto, mes del anciano

 

 

El mes de agosto es el mes dedicado al Anciano y se nos presenta como una gran oportunidad para darle atención a estas queridas personas que en nuestra niñez nos enseñaron a amar a Dios, nos enseñaron a vivir los valores cristianos, nos enriquecieron con su experiencia y sabiduría, nos dieron su comprensión y apoyo en momentos difíciles y que ahora, en el atardecer de su vida, necesitan de nuestra compañía, gratitud y reconocimiento.

 

Súmate a los millones de personas que en este mes están orando por sus queridos viejecitos.  Si por alguna razón ya no tienes abuelitos, adopta un ancianito y platica con él; verás que aprendes mucho y además, sus historias son muy divertidas.

 

De éste y otros temas estaremos hablando en nuestros artículos.  No dejes de leerlos. 

 

Recuerda que todas las dudas que surjan en el catecismo las podemos aclarar en esta sección.

 

 

 

 

San Juan Bosco

 

¿Quién fué San Juan Bosco o Don Bosco?  Bueno, en el siguiente video podrás saberlo:

 

Video (da click)

 

 

 

Voy a buscar algunas páginas que tengan referencia al tema del mes y tú podrás conocer un poco más y aprender a través de juegos...  Además, ¿qué tal sorprenderías a tus papás cuando les platiques todo lo que vas conociendo gracias a la catequesis?  ¡Tendrás muchas cosas que decirles a ellos y a tus amigos!

 

 

 

JUEGOS Y PASATIEMPOS

 

¿Qué tanto conoces sobre la vida de San Pablo?  No digas nada, prueba tu conocimiento en el siguiente juego interactivo:

 

http://www.santamariadelpueblito.org/san-juegos-sanpablo.htm

 

Ahora, prueba armar este rompecabezas sobre la Asención de Jesús:

 

http://www.ecatolico.com/rompe/rompe18.htm

 

¿Ya checaste nuestro juego interactivo?  ¿Le ganaste a la compu o a tus cuates?  También puedes jugarlo con tus hermanos y con tus papás...  Ahora si vamos a ver que tal andamos en conocimientos, ¿no?  Entra a la liga:

 

http://www.omp.es/Infancia/Juegoinfancia2005/juego.html

 

Sólo dale click y ¡listo!  Te vas a entretener.

 

Pero si sólo quieres jugar un rato, también tenemos "ahorcado".  Checa la siguiente dirección:

 

http://www.infancia-misionera.com/pasatiempos.htm#j

 

Este otro lo recomiendo para los más pequeñitos de casa:

 

http://www.infancia-misionera.com/pasatiempos/encuentra_agradece.htm

 

¿Te gustaría jugar una "sopa de letras"?  Abre este archivo y podrás hacerlo.

 

Sopa de Letras

 

 

Mándame fotos, sugerencias, a contactosanmiguel@gmail.com (fíjate que esté bien escrito).  ¡Todo lo que tú quieras!

 

Pórtate bien y nos leemos después.

 

¡Besitos!

 

 

En el Evangelio de la semana nos damos cuenta cómo el Señor nos llama y nosotros ponemos pretextos para no hacerle caso.

 

Recuerda que las historias cambian seguido, así que no te pierdas la que tenemos a continuación.  Y no dejes de leer nuestros artículos en esta misma página.

 

 

Evangelio (Lc 12, 13-21).

 

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de la multitud, un hombre le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Pero Jesús le contestó: "Amigo: ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?" Y dirigiéndose a la multitud, dijo: "Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea". Después les propuso esta parábola: "Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar: '¿Qué haré, porque no tengo ya en donde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida'. Pero Dios le dijo: '¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?' Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios"

 


GUADALUPE ANUNCIA LA MEXICANIDAD 

Roberto O'Farril Corona

 

Para Reflexionar.

·     ¿Qué mensaje le dió la Virgen a Juan Diego?

·     ¿Quién narra estos acontecimientos?

 

México no es bicentenario porque no es lo mismo celebrar el bicentenario del nacimiento de México como Nación, que celebrar el bicentenario de la independencia de México de la Corona española.

 

El 16 de septiembre de 1810 es la fecha histórica que marca la soberanía de México, aunque fue hasta el 24 de febrero de 1821 cuando logró establecerse la absoluta independencia de la Nueva España con la promulgación del Plan de Iguala, y hasta el 24 de agosto cuando se consolidó mediante los Tratados de Córdoba firmados en Veracruz por Juan O’Donojú y Agustín de Iturbide.

 

Pero México ya existía como Nación desde siglos atrás. En efecto, entre la consolidación de la independencia en 1821, y la caída de la gran Tenochtitlán, en manos de Hernán Cortés, en 1521, habían transcurrido 300 años, tres siglos exactamente.

 

Luego del destronamiento de Moctezuma, el último emperador azteca, los nativos mexicanos se encontraron desposeídos, deshechos, sin patria ni identidad, sin tierra propia, sin suelo, sin nación. Pero diez años después, en 1531, la Virgen de Guadalupe se apareció seis veces durante el mes de diciembre.

 

Así lo narra el relato escrito por Antonio Valeriano y dictado por Juan Diego: “Diez años después de conquistada la ciudad de México, cuando ya estaban depuestas las flechas, los escudos, cuando por todas partes había paz en los pueblos, así como brotó, ya verdece, ya abre su corola la fe, el conocimiento de Aquél por quien se vive, el verdadero Dios. En aquella sazón, el año 1531, a los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un indito, un pobre hombre del pueblo, su nombre era Juan Diego, según se dice, vecino de Cuauhtitlan, y en las cosas de Dios, en todo pertenecía a Tlatilolco. Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios y de sus mandatos. Y al llegar cerca del cerrito llamado Tepeyac ya amanecía. Oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de muchos pájaros finos; al cesar sus voces, como que les respondía el cerro, sobremanera suaves, deleitosos, sus cantos sobrepujaban al del coyoltototl y del tzinitzcan y al de otros pájaros finos.

 

Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: ¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá nomás lo estoy soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños? ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los antiguos nuestros antepasados, nuestros abuelos, en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento; acaso en la tierra celestial?

 

Hacia allá estaba viendo, arriba del cerrito, del lado de donde sale el sol, de donde procedía el precioso canto celestial. Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de oírse, entonces oyó que lo llamaban, de arriba del cerrito, le decían: -Juanito, Juan Dieguito-”.

 

Luego se presentó así al indio Juan Diego Cuautlatoatzin: “Ten la bondad de enterarte, por favor pon en tu corazón, hijito mío el más amado, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, y tengo el privilegio de ser Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive. Mucho quiero, ardo en deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi templecito, para allí mostrárselo a ustedes, engrandecerlo, entregárselo a Él, a Él que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación”.

 

Luego anunció el nacimiento del nuevo Pueblo, de la nación mestiza que es México, cuando afirmó: “Yo me honro en ser madre compasiva de todos ustedes, tuya y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno, y de los demás variados linajes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que confíen en mí, porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores”.

 

A partir de la expresión “Todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno”, considerada el primer anuncio del nacimiento de esta nueva nación, es que sabemos que los mexicanos somos un pueblo mestizo, cuyo nacimiento, como tal, lo anunció hace casi 500 años, la Virgen de Guadalupe, el 9 de diciembre de 1531. 

 


EN EL AÑO SACERDOTAL

 

Pbro. Sergio G. Román

 

Para iniciar el diálogo.

  • ¿Te has imaginado cómo es que Jesús llama a sus Sacerdotes?
  • ¿Qué reflexiones te deja este Año Sacerdotal?
  • ¿Te has preguntado cómo es la vida de un Sacerdote?

 

Para reflexionar juntos.

 

Te invitamos a conocer algunas historias sobre el Sacerdocio, a fin de que te sientas más identificado con tus sacerdotes.

 

Soy Sacerdote

 

En el Candelero

 

La Historia Comienza

 

¿Me hablabas?

 

La Respuesta

 

¿Por Dónde?

 

El corazón de la Diócesis

 

El Diaconado

 

El Presbítero

 

El Obispo

 

A pesar de

 

Alter ego

 

Aquí estoy

 

Cada día

 

Como el Cirio Pascual

 

Cristo, mi Hermano

 

Desierto Sacerdotal

 

Homo Sacerdos

 

Más, todavía más

 

Mi herencia

 

Ofertorio

 

Oración del Domingo por la tarde

 

Oración para pedir el Espíritu Santo

 

¿Por qué, Señor?

 

Prefacio

 

Presente

 

Amar mi Sacerdocio

 

La identidad del Sacerdote

 

Si no tengo Caridad

 

Sacerdocio Pascual

 

Santo

 

Ser Sacerdote es...

 

Si tú me dices Ven

 

Tienen hambre

 

Todavía

 

Tu reino, Señor, está en medio de nosotros

 

Via Crucis Sacerdotal

 

Y quise ver

 


DOCUMENTO DE APARECIDA

 

 

Para Reflexionar.

·     ¿Cuál es el tema central del documento de Aparecida?

·     ¿Qué nos distingue hoy a los creyentes?

·     ¿Qué ensombrece la Pastoral?  Desafíos y esfuerzos Pastorales.

 

Las palabras del Papa.

 

"Al mismo tiempo que expreso mi reconocimiento por el amor a Cristo y a la Iglesia, y por el espíritu de comunión que ha caracterizado dicha Conferencia General, autorizo la publicación del Documento Conclusivo, pidiendo al Señor que, en comunión con la Santa Sede y con el debido respeto por la responsabilidad de cada Obispo en su propia Iglesia particular, sea luz y aliento para una fecunda labor pastoral y evangelizadora en los años venideros."

Con estas palabras, el Papa autorizó el pasado 10 de julio del 2007 la difusión del documento conclusivo de la V Conferencia del episcopado latinoamericano y, en días recientes, el Presbiterio de la IV Vicaría tuvo la oportunidad de escuchar la Conferencia que el Lic. Manuel Gómez Granados (Director del IMDOSOC - Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana) presentó al respecto.

 

Próximamente contaremos con el video de dicho evento; por lo pronto, incluimos el documento que sirvió como apoyo para esta presentación, a fin de que todos estemos familiarizados con el tema, ya que en ocasiones conocemos su existencia, pero no su contenido.

 

Documento de Aparecida (presentación)

 


LA IGLESIA

La Iglesia Actual

 

Pbro. Sergio G. Román

 

Para Reflexionar.

·     ¿Nuestra Iglesia de hoy se parece a las primeras comunidades cristianas de las que nos hablan los Hechos de los Apóstoles? ¿Por qué?

·     ¿Quiénes son miembros de la Iglesia?

 

Un ojo al Catecismo.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica (752) nos dice:

“En el lenguaje cristiano, la palabra “Iglesia” designa no sólo la asamblea litúrgica, sino también la comunidad local o también la comunidad universal de los creyentes. Estas tres significaciones son inseparables de hecho. La “Iglesia” es el pueblo que Dios reúne en el mundo entero. La Iglesia de Dios existe en las comunidades locales y se realiza como asamblea litúrgica, sobre todo eucarística. La Iglesia vive de la Palabra y del Cuerpo de Cristo y de esta manera viene a ser ella misma Cuerpo de Cristo.

 

La Iglesia no “se parece” a la Iglesia de los Apóstoles: ¡Es!

 

No hablamos aquí de las pruebas históricas de que la Iglesia Católica es la misma Iglesia fundada por Cristo en los apóstoles porque de eso se habla cuando tratamos la apostolicidad de la Iglesia.

 

Hablamos más bien de las características de la Iglesia actual en relación a las características que descubrimos en la misma Iglesia cuando de ella nos hablan los Hechos de los Apóstoles, y las Cartas de San Pablo y de los demás apóstoles.

 

Lógicamente lo circunstancial cambia porque la historia no pasa en vano, pero lo esencial permanece. Ni se nos ocurra decir, por ejemplo, que el Papa actual no viste como vestía San Pedro porque eso no tiene ninguna importancia, pero sí la tiene, por ejemplo el que los cristianos nos seguimos reuniendo domingo a domingo a celebrar la Eucaristía tal como lo hemos hecho desde el principio de nuestra historia en los tiempos apostólicos.

 

Somos una Iglesia qué es:

·                Comunidad de fe. Como los primeros cristianos que eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles, así nosotros seguimos guiándonos y nutriéndonos por la Palabra de Dios interpretada por los legítimos sucesores de aquellos apóstoles que la recibieron de Jesús en custodia y para que la predicaran a todas las naciones. El Papa y los obispos en comunión con él siguen dando al mundo de hoy el mismo mensaje de Jesús que sigue teniendo valor para los contemporáneos

·                Comunidad eucarística. Nos seguimos reuniendo en la celebración de la Misa, de los demás sacramentos y, en general, a hacer oración, para dar culto al Padre, por Cristo, en el Espíritu santo. La Eucaristía es tan importante para la vida de nosotros los católicos que la hemos llamado “Comunión” para indicar que en ella nos unimos no solamente a Cristo sino a todos los católicos que formamos su Cuerpo Místico que es la Iglesia. La Eucaristía es la expresión más completa de la fe de la comunidad y, al mismo tiempo, la celebración del amor de sus miembros.

·                Comunidad de amor. “Amor” en lenguaje de la Iglesia se dice “caridad” que es el mismo amor humano divinizado. El mundo actual le exige a la Iglesia una respuesta caritativa a las pobrezas y limitaciones de los miembros más pobres de la sociedad. Y si lo exige es porque en el pasado la Iglesia siempre dio esa respuesta a pesar de las críticas de sus enemigos.

·                Pese a esas críticas, la Iglesia es pobre en sus recursos económicos, pero no por eso deja de estar presente en la solidaridad con los pobres del mundo. Para probarlo bastaría con observar la labor callada de tantos miembros de la comunidad que se entregan, se consagran, al servicio de los huérfanos, de los enfermos, de los ancianos y de los que nada saben. Y todo esto en silencio, sin publicidad y sin aplausos porque “Dios nos lo pagará”

 

También tenemos limitaciones.

 

Ya desde que éramos comunidad en tiempo de los apóstoles hemos tenido, y lamentablemente seguimos teniendo, muchas limitaciones humanas. Somos una comunidad de salvación, pero todavía pecadora. ¡Líbrenos Dios del orgullo de sentirnos “salvos”! Cristo nos ha salvado, sí, sin duda, pero en nuestras manos está el dar el sí a esa salvación, y ese sí no se da con una fe muerta sino con una fe que se demuestra con las obras. Mientras tanto, seguimos avergonzándonos de nuestros pecados e implorando la misericordia de Dios que nos sigue diciendo como a San Pablo: “Te basta mi gracia.”

 

Dios añade a la Iglesia a los que han de salvare.

 

Hoy como ayer, la Iglesia sigue siendo un medio de salvación querido y sostenido por Dios por medio de su Espíritu Santo.

 

A ella se añaden continuamente nuevos miembros llamados a ser hijos de Dios por el Bautismo. ¿Basta con eso? ¡Lamentablemente no!

 

Nos duele que muchos iniciados a la Iglesia por los sacramentos no permanezcan en ella aún cuando no exista una separación formalmente expresada. Ellos se siguen sintiendo católicos, a pesar de que ya no practican su religión ni están integrados a la comunidad. Los llamamos “alejados”. Ellos son una gran preocupación para la Iglesia que ha manifestado en muchas ocasiones la necesidad de volverlos a acercar.

 

Compromiso.

 

Únete más a la Iglesia y participa responsablemente en ella, tratando de acercar, también, a los tuyos.


LA PARROQUIA

 

Pbro. Sergio G. Román

 

Las primeras comunidades.

 

¿Qué es ser cristiano y católico?

 

Hoy en día muchos se conforman con una fe personal en Jesucristo, que poco o nada afecta su modo de vivir. Nada distingue a un no creyente de uno de esos creyentes.

 

Otros consideran que su fe, también personal, los obliga a asistir a algunos actos de culto en la parroquia más cercana, quizá hasta contribuyan con su limosna a los gastos, pero hasta allí llegó su fe.

 

¿Era eso lo que quería, y quiere, Jesús? ¿A eso vino a dar su vida por nosotros?

 

No lo entendieron así sus primeros discípulos ni lo entiende  así la Iglesia Católica hoy en día.

 

Los que conocían a Jesús y lo escucharon, comenzaron a seguirlo y formaron un grupo de discípulos; de entre ellos escogió Él a doce a los que llamó apóstoles. En sus tres años de vida pública Jesús preparó a aquellos doce para que quedaran al frente de los discípulos. Durante ese tiempo convivió estrechamente con ellos y con los demás seguidores de tal modo que formaban un grupo al que llamamos “comunidad” porque tenían en común una fe, un amor y una esperanza.

 

Después de que Jesús subió a los cielos, envió sobre sus apóstoles al Espíritu Santo para que guiara a su comunidad y la hiciera santa. En Pentecostés nace la Iglesia Católica, cuerpo de Cristo animado por el Espíritu Santo.

 

Hasta aquí tenemos un grupo de discípulos de Cristo presididos por los apóstoles e iluminados y santificados por el Espíritu Santo. Ello son la Iglesia y son, ciertamente, una comunidad en la que todos se conocen.

 

La misión.

 

Jesús dejó una misión a aquellos primeros seguidores suyos: Ir y predicar el Evangelio a todas las gentes. Es decir, seguir haciendo discípulos de Cristo y añadirlos a la comunidad.

 

San Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, narra la creación de estas nuevas comunidades. Dios añadía a la comunidad a los que deberían ser salvados. Pertenecer a la comunidad era, pues, un medio de salvación.

 

Posiblemente, en ese tiempo algunas personas conocieron a Jesús y simpatizaron con su doctrina, pero no decidieron vivir de una forma nueva, enteramente nueva. De ellos se dijo que “conocían el camino”, pero no se consideraron cristianos porque no integrarse a una comunidad.

 

No había otra forma de ser cristiano.

 

Las primeras comunidades resultaron de la misión de los apóstoles o, incluso, de algunos laicos, discípulos, que evangelizaron por su cuenta y que luego acudían a los apóstoles para integrar aquella comunidad a la Iglesia, que muy pronto llegó a ser la comunidad de las comunidades en torno a Pedro y a los apóstoles.

 

La dinámica de la misión era más o menos ésta: los apóstoles se repartieron el mundo y cada uno de ellos partió a una región a predicar y a fundar comunidades. El apóstol solo o con algún discípulo, al predicar en las plazas y en las sinagogas, conseguía un grupo de simpatizantes, los adoctrinaba y los constituía en comunidad mediante el bautismo y la imposición de las manos. Con ellos “partía el pan con alegría” y formaban una comunidad de fe, de amor y de culto en la que con frecuencia se llegaba hasta la comunidad de bienes entre ellos y con otras comunidades que padecían necesidad.

 

El Obispo.

 

Una vez la Comunidad madura, el apóstol partía a formar otra y dejaba al frente de la antigua comunidad a un obispo o a un presbítero que asegurara la continuidad de la vida cristiana y la unidad con el resto de la Iglesia.

 

Las primeras comunidades giraron en torno al obispo, el se reservaba el derecho de bautizar, confirmar y casar a los discípulos. El obispo residía en algún centro urbano en donde impartía su cátedra, es decir, donde enseñaba, regía y santificaba. Estas podrían ser las primeras “parroquias” y se mantuvo así hasta los tiempos de San Martín Caballero, ese santo al que vemos con frecuencia en los negocios, vestido de soldado sobre un caballo blanco y partiendo en dos su capote militar para dar abrigo a un pobre anciano que se muere de frío. Este soldado convertido al cristianismo llegó a ser obispo de Tours en Francia y comenzó a fundar iglesias entre los campesinos para que no tuvieran que ir hasta la ciudad para ver al obispo. Al frente de cada una de estas iglesias o comunidades rurales ponía a un presbítero. Murió el 8 de noviembre del 397.

 

La Parroquia.

 

Durante la Edad Media y Moderna comienza a estructurarse el sentido legal, jurisdiccional de la parroquia. Llegó a entenderse como un beneficio para el que la atiende y a otorgarse como un privilegio. Este sistema favoreció el que hasta el último rinconcito de una Iglesia Particular o Diócesis perteneciera a una parroquia y tuviera un pastor a su cuidado. La calidad de ese cuidado dependía de la calidad del elemento humano que lo tenía a su cargo; sacerdotes heroicos en su ministerio o aquello que sólo se establecían para pasarla bien.

 

Hoy.

 

Se transforma el sentido de beneficio en sentido de servicio, la parroquia hoy debe ser la “comunidad de comunidades”, la “Iglesia presente entre las casas de los hombres”, la “casa de todos”.

 

La parroquia no es tan sólo el centro litúrgico para saciar la necesidad de culto, sino el lugar donde se celebra la fe de la comunidad.

 

La parroquia no es tan sólo el refugio de algunos laicos que acuden por necesidad de compañía (que ya es algo bueno) o a recibir una doctrina que sacie su hambre de Dios (que también es bueno), sino es, ante todo, la comunidad que vive, como en un principio, su fe, su amor y su culto, y que se prepara para ir y evangelizar.

 

La parroquia es hoy, eminentemente misionera. El ser cristiano, hoy, es pertenecer a esa parroquia misionera.

 

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